11 de mayo de 2012

¿Cuánto ha pasado ya?

Este amor brutal y devastador que barría la hoguera de emociones en que se convirtió mi corazón
se me rompió una tarde de invierno.
Llovía y tú ya no estabas.
Solo un eco intermitente de ti asomaba a tu antojo junto al abismo de un alma en ascuas.
Lo deseaba y lo vi venir, lo disfrutaba llena de pavor mientras ocurría
y lo empecé a enterrar esa misma tarde en la trastienda de recortes que un día no contaré a nadie.
Salto al vacío, maraña de privaciones, desgarro interior, sacudida ya para siempre, terremoto en la piel.

¿Cuánto ha pasado ya...?


Y ahora el alma, de pie ya sobre los desechos del desaliento, clama y reclama su sitio

un estatus de lugar robado, un hueco en el devenir fluido de la vida que, ignorada,
sigue su curso llenándose de días y proyectos.
Yo, sorprendida como nunca de este experimento Jeckyll y Hyde
me adapto a esta nueva piel como si la primavera me hubiera rodeado sin dejarme ni una salida.
Yo, en mitad del centro del estupor,
deseo ser la de antes, apagar el fuego y nadar, pero el guardián lo protege con coraje, herido.
Yo, intentando sabotear al corazón, recibo un correo con devolución a su remitente
y también yo, que tampoco le conozco ya, elijo con cuidado los senderos y digo adiós a los meses que veo pasar ante mi ventana.
Tú andarás errante en tu dulce perdición esperando que se vuelva amarga de intentos.
No me importa, no me importas.

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