¿Por qué preguntaste si tú ya conocías todas las respuestas?
¿Por qué tus huídas si sabías que yo ya no te iba a buscar?
¿Por qué apagar el día si yo ya no reconocería tu luz?
Aún tengo el alma anudada a tus meñiques
los pies plantados en tus zapatos
Tengo una caja de música con tu risa
Un pentagrama de soles
que canturreo en Mi menor hasta desafinar
Y aunque sigo guardando las ganas
me faltan las razones
Ya no reconozco los objetos abandonados
aunque a veces el espejo me devuelva algún recuerdo
Un día de estos voy a empeñar los consuelos
Tal vez consiga algo de paz por ellos
Te voy olvidando a contrapie
Te dejo ir, me dejo llevar
Te envío señales en códigos cerrados
Imposibles alfabetos
Números sin concierto para que no los descifres
Recorro a la inversa lugares comunes
Con pinceles que desdibujan paisajes
Escenarios perdidos de afectos
Emborronados de distancia y de ayer
Recuerdo una alerta, el eco de una sirena
Preludio de una deriva inminente
Ajena, alcanzaba mis oídos distraídos
Me hacía señas inequívocas desde lejos
Ensombrecía párrafos enteros
Me mostraba los bordes y las aristas
Y acabó siendo cercana, familiar
Acomodada en el salón
Dueña absoluta de todo
No quisimos verlo
¿No pudimos? pararlo
De acuerdo, me doy por vencida
Te devuelvo a la corriente
Soluble hasta el invisible
Al puerto donde curar cicatrices
Espacio sin tiempo
Techos altos de vuelos y gaviotas
Varados los cuerpos que una vez se amaron
en la resaca implacable del tiempo
Pero ¿cómo vivir sin recuerdos?
No hay tregua
Y en este rincón de silencios solo hay ruido
Es tarde
Lo siento, tengo que dejarte
Casi no llego
Las prisas de las despedidas
Y estoy a punto de...
Ya sabes cómo soy



