La luz ha cambiado y no deja ver la cara oculta de mi corazón.
Las tardes oscuras aceleran las estaciones sin ti.
No hay mensajeros ya, tan solo ese sonido... a nada.
Pero yo estoy aquí, en el mismo sitio.
Aquí,
asomada a este balcón de años y sueños.
Desangrando fábulas donde antes entretenía el tiempo contigo.
Desafinando en voz baja y en blanco y negro.
Pasan las horas y apenas saludan ya.
Temo que se cansaron de contar minutos y se fueron
a marcar el ritmo de otras vidas.
Y el reloj de mi casa, que atrasa minutos,
acumula días sin ti.
Me sostienen latidos imperfectos y líneas quebradas.
Espacios entre comillas, como descosidos y dejados
al capricho de los pretéritos.
Ay el tiempo...
Y los colores.
Esos tampoco encuentran su lienzo
y tu mirada se quedó sin retrato.
Y las manos que no se posan
se perdieron en el tacto de otra piel.
Pero sigo aquí, entre montones de nada
sin rima, sin rumor.
Ya no hay versos como los que entonces
inundaban mi garganta.
Ya no rimo ni maldigo a quienes pasaron de largo
y ni siquiera dejaron un ramillete de adioses.
Porque ahora vivo en tus orillas
donde apenas resisto
el desastre de besos al aire,
atascada en los que no te di
y pendiente de tu risa.
De una redención de latitudes y horas azules.
Vuelvo al origen
al inicio de estar o de ser
a aprender el vuelo
a soltar y a saltar como antes
como cuando aún no me había asomado

Un año es mucho tiempo sin leerte.
ResponderEliminarYa no más, eh?