No te quiero
Te lo digo cada año
Pero tú insistes con tu periódica insolencia
Aunque sabes que no, que no te quiero
No me gustas y eso también lo sabes
Porque no fue el cartero, fuiste tú
quien me trajo la carta que rompió
mi corazón adolescente
Me heriste de muerte
cuando te llevaste mi luz primera
Sin avisar siquiera,
en un amanecer incierto
¿Cómo voy a perdonarte que me robaras
los primeros ojos que miré,
que te llevaras esa mirada que tanto amé
dejando desolación y vacío al marcharte?
Sin embargo, cada año, puntual
regresas rotundo e impasible
reclamando tus treinta días
y mi cosecha de logros, tan míos
¿Cómo te atreves a venir?
¿qué mal trato me propones este año?
¿qué corazón te cobrarás esta vez?
¿qué deuda vienes a liquidar ahora?
Tú que siempre me recuerdas lo efímero
la caducidad de los años y de las hojas
tú que despides agosto con un portazo de día primero
Ocupando tu orden en el calendario, imperturbable
sin permitirme pasar una sola página
Estoy sentada frente al mar
ese al que reclamaste tu turno
desplazando a otras latitudes
el rumor de los juegos en la arena
Contemplo desde la orilla
estos días raros en los que ya, solo a medias,
permites que no queme el sol
pero no que se pongan el abrigo los días
Acabas las tardes antes de su fin
dejando ramalazos de un sol cálido y huidizo
Traes olas a contratiempo
aunque el mar te reclame
la huella usurpada al bañista
La luna, siempre cómplice, desde lo alto
impregna de mareas el tono ocre de los días
mientras tú desdibujas el horizonte
con esa bruma infinita de miradas
No te quiero y sin embargo aquí estás
alrededor y dentro, septiembre
Indiferente septiembre
pasivo y sereno de besos y miradas.

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