Mi corazón se deshace en la espuma de una ola sin retorno
En este apocalipsis de sueños sin desvelar
En un espacio sin dueña y sin rumbo
Ese corazón, herido y absuelto ya de tu ausencia,
Devuelto al erial de las noches en blanco
Al azar de las tempestades que tu marcha provocó
Yo, dueña ya de este desierto donde habito con la terrible sed de tu ausencia,
Lamiendo las heridas del naufragio
Remando a contratiempo,
Ciega y muda de ti
Como aquella tarde en que la última hora,
La de la marea más audaz
Te apartó de mi
Llevándote contigo la sal de mis heridas
Quién fuera otoño caduco
Arena ya descansada del laborioso verano
Caudal consciente y sereno del agua
Nieve incesante del invierno de tu corazón
Para perdurar y esperarte
Para ser y quedarme
Para no asistir al funeral de mis desengaños
Para ser quizás, mañana, tal vez
Eres mi mundo, mi sal, mi verano
Mi otoño y mi arena cansada
Mi invierno junto al fuego y mi amanecer dorado
Tú que con la arena te desdibujas
Tú que a las espumas pones mi nombre
Tú, ávida de ser y de respirar
Tú, incierta y rotunda
Paradoja de este insomnio
Amante furtiva de mis sueños
Que aconteces y que ocurres
Ven, llega, pasa, saluda, sé
Camina, besa, ocurre, naufraga,
Sueña, vive, quédate, nada, todo
Pero conmigo
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