18 de octubre de 2017

Reflejo de cristal de una primavera loca.

Con permiso de mi soledad he soñado tu compañía esta madrugada,
he desatado la casualidad hasta convertirla en certeza coincidente,
he añadido posos al café de la mañana en un intento de deshacer
aquello que fortuitamente me tenía preparado el destino.

Y aunque no fue casualidad encontrarte,
fue sin querer, puro azar de una primavera loca
que ocupó las aceras y trastocó el pulso de los amaneceres.
El capricho de una flecha precipitada,
de una trayectoria sin prisa con un destinatario elegido
entre un millón.

Fue un casual cruce de miradas,
o una apuesta ganada
al fatal desenlace de alguna historia por estrenar

Fue una lluvia y un charco en mitad de mi vida,
al lado de la tuya y en el medio de la calle.

Fue el reflejo en el cristal
de unos ojos que, buscando otros,
derivaron la imposible integral
resolviendo la tarde y despejando la noche
hasta otra madrugada muy distinta a esta.

Fue tu llegada un imposible
un despiste de la fortuna
un acaso de la suerte
una aventura de ojos y manos y piel.

Y ha sido tu quedarte en mi vida
la más intrépida de las hazañas, el más valiente acto de amor
la ocasión para sacudirse el quizás, la oportunidad para sabotear la duda.

Es la prueba de un universo cómplice
o la conspiración de un sueño inconcluso
tal vez la cadencia de tu andar
o el resultado de multiplicar
tu audacia por mi empeño